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sábado, 28 de noviembre de 2009

Al este del Edén, el camino hacia la vejez.


Los pasos en la conciencia de la vejez empiezan cuando uno se pone a ver un partido de fútbol y le parecen unos chavales los jugadores. Hasta entonces, en tu memoria visual, los futbolistas eran esos señores que veías en los cromos siendo niño, De pronto esa imagen se destruye: aquellos señores de los cromos son en realidad unos jovenzuelos y tú los doblas en edad.

Más adelante te encuentras diciendo "¡Qué barbaridad!" ante cualquier cosa que te sorprende. Si unos chicos ven un accidente de la Fórmula uno, exclaman, "¡Vaya hostia, tío!", tú dices, "¡Qué barbaridad!".

Una tercera fase es que ante todo lo que te incordia, el ruido de una moto con el tubo de escape abierto, un grupo de gente en algarabía, la música muy alta, señalas "Eso debería de estar prohibido". Entonces es que ya eres un anciano.

Y lo último es cuando vas a cenar y se te acerca un fulano irreconocible de otra mesa, y te arenga, "¡Qué bien te encuentro!", "¡Qué bien te conservas!", como Arturo Fernández, qué bien se conserva.

El reverso terrorífico es que además, ese rostro destruido, ese cuerpo demacrado, descubres después de esforzarte, que esconde a un antiguo compañero de colegio.

En paralelo hay un cambio de ideología: te haces conservador. Uno se hace conservador cuando ya no le cabe una idea nueva en el cerebro, cuando las neuronas no le dan para más. Como lo nuevo no lo comprende, se hace conservador. Te haces conservador porque te quedas con lo único que entiendes.

domingo, 19 de julio de 2009

Educar supone una frustración




Hannah
Arendt,
vivió entre 1906 y 1975. Alemana de origen, se exilió en Estados Unidos tras la ocupación nazi de Francia. Fue discípula de Martín Heidegger (padre del existencialismo) y de Edmund Husserl (impulsor de la fenomenología). Es una de las grandes pensadoras del siglo XX.

Piazza San Marco - Venice by Silvia Ganora Silvia Ganora

En un artículo de hace medio siglo titulado ¿Qué es la autoridad?, advertía Arendt que las autoridades tradicionales se derrumbaban y que aquello afectaría "a todas las esferas prepolíticas, como la educación y la instrucción de los niños, donde la autoridad, en el sentido más amplio, siempre fue aceptada como una necesidad natural". Para la filósofa esa necesidad proviene de la lógica dependencia del niño que, por lo tanto requiere una guía firme y referencias positivas, y deriva también de un requisito que ella llama político, como es el de garantizar la continuidad de una civilización europea. El filósofo especialista en educación José Antonio Marina reafirma las ideas de Hannah Arendt "No se puede educar sin autoridad".

Así pues a los hijos hay que procurar que entiendan la idea de que la libertad es fundamental, pero que no es otra cosa que el reverso de la responsabilidad. Es decir, cuando eres libre, tienes que apechugar con las consecuencias de esa libertad, que uno no puede ser libre para lo bueno e inmediatamente buscar amparo cuando algo se tuerce o negar la responsabilidad de lo que a uno le ocurre.

No hay que ser el compañero de juegos del hijo ni el colega, sino el padre, pues para eso tienes la experiencia. Evolucionamos y crecemos a base de abandonos, de negaciones, de traiciones y de conquistas. Es la pedagogía que denominaba Platón de lo placentero y de lo doloroso. De esta manera un padre puede tener una relación muy cariñosa con su hijo, pero al hijo no caerle simpático el padre, como decía Freud y eso es algo que hay que aceptar, mejor que abdicar del papel de padre para convertirse en el amiguete.

Los padres tienen la obligación de enseñar a los hijos que el mundo ya existía antes que él, que ha habido todo tipo de experimentos antes, algunos fracasados, otros fueron un éxito y que él deberá partir de eso y no de una página en blanco. Frustrar es educar, es confrontar al hijo con una realidad esencial de la vida: No se puede todo, las cosas no salen siempre como uno pretende, y esto no es una grieta, una anomalía ni una injusticia. Es la vida real. Para vivirla con intensidad y plenitud, es preciso tener noción de sí, de los otros, de lo que existe del entorno. Tener consciencia también de que somos siempre parte de un todo que nos trasciende, que el horizonte de la vida va mucho más allá de nuestro ombligo.

La tendencia actual es contraria, se dice que la juventud es el valor por antonomasia, que tienen la razón en todo y al niño se le permite de todo hasta que tiene 16 años y ya hace tal cantidad de burradas que el padre desempolva su autoridad. Y ahí es cuando fracasa. Porque conviene recordar que la palabra autoridad provine de augeo, que significa lo que hace crecer, lo que ayuda a superarnos y evidentemente es necesario crecer desde el principio.

Si al hijo lo dejas a sus anchas te encuentras con que a los quince años te viene con una cazadora con una cruz gamada en el dorso. Entonces te pones hecho una fiera y el enfrentamiento es inevitable. Hay que explicarles desde el origen. que no todo vale, que no todo es relativo, que está lo bueno y lo malo, que no es lo mismo ayudar a altruistamente a cuidar ancianos en un asilo que echarles la zancadilla cuando van a cruzar la calle. Sino, los adolescentes acaban con la convicción de que no deben responder de sus actos ante la sociedad, sino con la creencia de que sólo responden ante la tribu. Y que la tribu les protege

Antes todo eso lo enseñaba la familia, lo que se llama la socialización primaria: enseñaban al niño aquellas normas primeras como respetar, tolerar, compartir, no ser brutal con los más pequeños, asumir las indicaciones u órdenes, etc. Ahora eso ha desaparecido en buena parte, esa socialización es rara vez cumplida por las familias.

Muchos padres varones quieren asumir el papel de madres, el niño tiene dos referentes digamos blandos. Es decir, se materniza la educación, porque la figura del padre es rígida y nadie quiere el rol de decir algo a los hijos muy concreto, explícito y que suponga un choque.

Pero los jóvenes, cuando ven que te impones razonablemente y les haces sentir tu autoridad, se sienten más seguros y hasta se acercan más afectivamente, necesitan que les confirmes la necesidad de ocuparse de ellos con el papel de padres. Leí un caso de dos hermanos sobre 15 y 17 años, hijos de padres muy progres. A los niños nunca les decían nada, les dejaban libertad total, desde bebés. Hasta que un día que el matrimonio había salido, quemaron la casa. Y cuando les preguntaron porqué habían hecho eso a sus padres, la respuesta fue. ‘para ver si se enfadan de una vez’ . Hartos de ese clima en el que todo daba igual.

Si los padres no ayudan a los hijos, con su autoridad amorosa, a crecer y prepararse para ser adultos, serán las instituciones públicas las que, más adelante , se vean obligadas a imponerles el principio de realidad por la fuerza.

Educar no es llenarles a los hijos la agenda con miles de actividades, cursos , prácticas deportivas y encuentros para que no se aburran y para que no molesten. Educar no es adular. Educar, en el verdadero contenido del concepto es frustrar. Aprender a usar la razón en sociedad: Es razonable quien sabe dialogar, lo cual significa saber escuchar cuando se le habla en lugar de mirar para otro lado. Es razonable quien respeta el derecho de los demás. Es razonable quien no ensucia a propósito el suelo porque ha aprendido que los encargados de la limpieza no son esclavos. Es razonable quien reconoce cuando se equivoca y sabe cuándo tiene que rectificar y pedir disculpas. Todas estas cosas tienen un origen común que se llama buena educación. Son cosas que no se aprenden en la escuela (aunque se pueden reforzar en ella). Se aprenden en la casa, con los padres.

Para educar, entonces, no hay que huir del miedo, hay que considerarlo, en origen, como un elemento positivo. El miedo es la primera reacción que produce contemplar de frente que somos finitos, que tenemos fecha de caducidad. La educación ha de enseñar a respetar más adelante por interés e ilusión lo que comenzamos respetando por una u otra forma de temor, pues nunca aprenderemos a liberarnos del miedo si nunca hemos aprendido a razonar a partir de ese temor.

Tenemos derecho a imponerles a los niños la disciplina sin la cual desde luego no aprenderían la mayoría de las cosas que consideramos imprescindible que lleguen a saber. Parece una contradicción que si el objetivo de la enseñanza es conseguir individuos libres, ¿cómo se puede admitir que se llega a ser libre y autónomo por la vía de la coacción, de la obediencia? Hegel entendía la libertad como algo a lo que se llega, la libertad no es una base de partida , sino un logro de nuestra integración social, no es ausencia original de condicionamientos, sino la conquista de la autonomía por medio del aprendizaje.

Cómo llevarlo a la práctica: con palabras y con el ejemplo. Primero debe imponerse la idea de que los hombres estamos en el mundo para explicarnos, para darnos cuentas. Y el ejemplo es importante, tu estilo de vida coherente. Ejemplo, cuando se lleva a los hijos al colegio: ¿Quién jamás cruza la luz roja del semáforo mientras lleva a sus hijos a pie al colegio?,¿Quién no habla jamás por el móvil durante ese mismo viaje, pero en automóvil ?¿Quién no estaciona en lugares prohibidos o en doble fila al final de ese mismo viaje? ¿Quién usa siempre el cinturón de seguridad?. Bien, los padres mientras llevan a sus hijos al colegio los están educando. Lo están haciendo con su presencia y con sus actos, que es como se educa. Mientras los padres dan excusas para justificar estos comportamientos, los chicos ya aprendieron a no respetar las reglas de convivencia, a saltarse los límites, a despreciar la seguridad y la prevención y a poner lo urgente por encima de lo importante.

viernes, 29 de mayo de 2009

El modelo a imitar

La emulación, como motor de la modernidad, fue inaugurada por el Renacimiento que pretendía imitar a los clásicos, como muestra Peter Burke. Por eso la primera novela moderna, el Quijote, es la tragicomedia de un mitómano que literalmente se muere de envidia, según las tesis de René Girard. Pues como postuló Simmel, el proceso de la moda que define a la era moderna está promovido por la emulación, el esnobismo, la competencia de mercado y la rivalidad de clase.

Aquiles descubierto por Ulyses. Rubens y Van Dyck, Museo del Prado. Aquiles sale del cómodo gineceo y se convierte en héroe.

Pero la admiración de carácter moral hace que admiremos el bien y las personas buenas. Esa clase de admiración no sólo exige encontrarnos ante algo realmente bueno, extraordinario, sino también de una predisposición para captar el bien. Sin modelos externos a los que imitar y tratar de superar no hay posibilidad de aprendizaje ni por tanto de desarrollo mental y moral.

Partiendo de este principio hay que plantear enseguida una distinción entre modelos y antimodelos. Ambos son arquetipos de excelencia personal como virtuosos de la autorrealización humana. Pero mientras el modelo es un héroe positivo y virtuoso que se caracteriza por su universalidad, el antimodelo representa la cara oculta del héroe: el lado oscuro de su fuerza (como en Star Wars). Y para caracterizar negativamente a los antimodelos es útil la conocida inversión de los fines por los medios. Un modelo es un fin último que exige esfuerzo personal, es universal y reconoce la libertad y la responsabilidad.

En cambio, el antimodelo desprecia esos fines morales (los valores de universalidad, realización, libertad y responsabilidad, entre otros) para cometer el pecado de anteponer los medios (los métodos, los instrumentos) utilizados para conseguirlos, a los que se sacraliza en términos absolutos como si fueran derechos unilaterales o fines en sí mismos.

El modelo no sólo se desprestigia por los antimodelos sino por la tendencia actual a arrinconar al que sobresale de la mediocridad. Según los análisis de Canetti (Masa y poder) y Ortega (la Rebelión de las masas ) se ve como el rasero democrático acaba indiferenciándolo todo. No se trata de la democracia política, sino de ese democratismo que acaba invadiendo todos los ámbitos de la convivencia humana. La política debe ser democrática, pero la ética es por naturaleza aristocrática. La admiración enfrenta finalmente al hombre con la posibilidad de superarse. El hombre percibe su libertad y capacidad de ser mejor. En este sentido, el carácter ejemplificador del comportamiento virtuoso sirve de acicate para, por la emulación, superarse a uno mismo y alcanzar la perfección.

domingo, 22 de marzo de 2009

Manifiesto pro medicinas libres

No al Gran Hermano de bata blanca

En todas las épocas los hombres han intentado librarse de las exigencias de su libertad buscando una instancia superior que decidiese por ellos las opciones fundamentales. Por eso la medicina es una institución social tan importante. Durante milenios, los hombres rehuyeron la responsabilidad teologizando la moral. Hoy la rehúyen medicalizando la moral. El Estado teocrático pretendía salvar a los hombres por decreto, reprimiendo ejemplarmente todo lo que había quedado establecido como malo; el Estado terapéutico pretende curar a los hombres de ser lo que son, por las buenas o por las malas. Ambos modelos pretenden coaccionamos por nuestro bien.

La mayoría de la gente mantiene la postura de que el control de los medicamentos psicotrópicos, de los esteroides, tranquilizantes, medicamentos para el control del dolor severo y crónico y muchísimos más es necesario. Como ejemplo de esa postura arguyen que "la venta de productos farmacéuticos sin receta médica representa un peligro para la sociedad, y más para los jóvenes que tienen acceso a medicamentos de consumo restringido”.

Mi pregunta es: ¿Por qué los medicamentos sin receta son un peligro para la sociedad más que las bebidas alcohólicas o el tabaco, por ejemplo? Esos tratamientos en realidad son mucho menos peligrosos para la sociedad lo que es el alcohol. La libertad es lo que sienten peligrosa. Todos los dictadores y los déspotas burocráticos lo han repetido siempre.

¿Por que un adulto de la inteligencia normal y la mente sana no debe tener el derecho de ingerir cualquier tipo de tratamiento que desee sin la necesidad de tener una receta médica primero?

¿Los derechos de cuál otra persona está violando por ingerir un medicamento que puede crear dependencia?

¿Acaso el Estado no debe velar por la salud de las personas? - dicen los médicos- Pero el Estado no puede decretar lo que es la salud de una persona contra la opinión o la voluntad de esa persona. Por lo mismo que la Iglesia no puede salvar a nadie a la fuerza. ¿Por qué un adulto de inteligencia normal y mente sana necesita un Big Brother (el gobierno) para protegerle de sí mismo?

Los productos farmaceúticos se acompañan de información escrita acerca de dosis, precauciones, efectos secundarios y posibles peligros. Debemos considerarnos adultos para tomar nuestras opciones. Y el Estado no debe persiguir delitos sin víctimas.

El lobby médico muy poderoso ha tenido gran éxito durante muchas décadas persuadiendo a los legisladores para exigir recetas médicas para el control de miles de medicamentos diferentes con el pretexto de "la protección de los consumidores", aunque el motivo verdadero para tanto control es su propia hegemonía.

La medicina no es una instancia de reforma moral, ni mucho menos de represión policial: nadie debería ser jamás medicado contra su voluntad y todo el mundo debería tener derecho a automedicarse del modo que prefiriera. Pero hoy esto no es posible. Los burócratas de los gobiernos no quieren que la gente tenga un acceso más fácil a los psicotrópicos, los esteroides, los medicamentos fuertes para el dolor, y otros medicamentos que pueden dar lugar al "abuso" y de la dependencia. Nos protegen de nosotros mismos.

Casi nadie parece darse cuenta de que el derecho a la automedicación y, por tanto, a la colaboración de cada cual en la invención de su propia salud es un derecho humano fundamental, del mismo rango que la libertad de expresión, de conciencia o de asociación, ni más peligrosa ni menos imprescindible. Los médicos deberían ser los primeros interesados en la defensa del derecho a la automedicación, gracias al cual su ejercicio profesional adquirirá la dignidad de la ayuda libremente elegida y no se prestará a ser coacción inquisitorialmente impuesta. Por supuesto, la automedicación abarca aspectos muy distintos -entre ellos, la opción por una muerte que sea remate de la vida activa y no desenlace de la prolongación mecánica de las funciones vegetativas.

El único espectro de fármacos que los gobiernos deben restringir por medio de la receta médica es el antibiótico. Cuando los antibióticos están mal utilizados o utilizados demasiado, algunas cepas de bacteria pueden dar lugar a la resistencia contra el antibiótico y se perjudica a terceros.
Por otro lado, hay muchas medicinas disponibles sin receta que pueden ser peligrosos para algunas personas; una pastilla sola y también las pastillas combinadas. Entonces todas las medicinas debían ser por receta exclusivamente.

El argumento de la receta podría ser aplicado a muchos productos químicos vendidos en las ferreterías. Muchos tienen vapores que son tóxicos a los pulmones mientras otros son tóxicos por contacto con la piel, y dos o más sustancias químicas pueden ser peligrosos si se mezclan. Y simismo los de las droguerías ¿Entonces tales productos debían ser sólo disponibles por la receta de un químico antes, aparte del hecho que hay información acerca de precauciones en la etiqueta?. Y en cada aspecto de la vida. Conducir es potencialmente peligroso. ¿Cada salida con nuestro automóvil debería ser previamente supervisada por médicos y psicólogos para estimar nuestro estado psíquico - físico del momento?

Estoy de acuerdo en que es tonto en algunas circunstancias, para las personas que no son médicos, intentar curar sus problemas por sí mismos sin una consulta con un médico antes. Sin embargo, la decisión debería ser la del individuo y no la del Estado, y me quedo con mi análisis acerca del motivo verdadero por el que muchas medicinas están sólo disponibles con receta médica.

Para verficar la libre elección y asunción de responsabilidad sobre uno mismo, los precios de los fármacos debieran ser más altos en los libres que los que se expiden con receta, con un impuesto extra en aquel caso. Como ocurre con el tabaco. Así se financian posibles o futuros gastos de tratamientos u hospitalizaciones sobre uno mismo si se hiciese mal uso.

Lo mismo ocurre con las ludopatías. Las mismas batas blancas y demás terapeutas que designan y tratan dolencias como la toxicomanía, el alcoholismo, la bulimia, la anorexia nerviosa, la cleptomanía,etc. La libertad es para todos los que no violan los derechos y la libertad de otros. Rechazo que se traten como enfermedades a los vicios -como el juego, el alcohol y la droga- que sólo perjudican o benefician a quien sucumbe a su tentación, y miro con desprecio a quienes se escudan en condicionamientos sociales para liberarse del peso de sus propios actos. El hombre libre es responsable para lo bueno y lo malo, y hace frente a la vida con su propia lucidez, generosidad y fuerza.

Evidentemente, el juego, la demencia, el consumo de opio y el de alcohol llevaban milenios existiendo, sin que nadie los incluyese en el elenco de trastornos diagnosticables y tratables por una especialidad médica determinada. ¿Qué era el jugador compulsivo antes de ser definido como “ludópata”, y equipararse así con un tísico o con un leproso? Era una persona aquejada por cierto vicio, entendiendo por vicio una mala costumbre, considerada indeseable no sólo por los demás, sino por él mismo. Su problema era un asunto de eticidad, entendiendo por ética la relación entre aquello que alguien tiene por justo o bueno en sí, y aquello que hace. Actualmente cada vez pensamos menos en nosotros mismos como seres libres y responsables de nuestros actos. Cada vez nosgusta más pensar que eso es lo de menos, y que nuestras flaquezas pueden ser suplidas con recursos técnicos. Ese es el problema. Y la nula acogida de las ideas de libre albedrío por parte de la propaganda institucional.

martes, 3 de marzo de 2009

El valor de la apariencia

Una corriente a favor de la intuición, la emoción, el instinto o el golpe de vista ha dado la vuelta al lema de "las apariencias engañan".

Las apariencias, a las que se atribuía el engaño, han venido a ser la manera más cierta de conocer la verdad. Por la impresión o el impacto se decide la compra o el consumismo. Pero también, según la neuroeconomía, inversiones de mayor categoría. De la misma forma, en la selección de candidatos para casi cualquier actividad, la entrevista personal de unos minutos decide con más fuerza que otros contrastes objetivos

"Nadie cree básicamente en lo real, ni en la evidencia de su vida real. Sería demasiado triste", dice Jean Baudrillard en El crimen perfecto. El crimen perfecto es el de la muerte de la realidad.

En la mujer es lo femenino como apariencia lo que hace fracasar la profundidad de lo masculino. Las mujeres harían bien en dejarse seducir por esta verdad, pues ahí está el secreto de su fuerza. Ni siquiera es exactamente lo femenino como superficie lo que se opone a lo masculino como profundidad, es lo femenino como indistinto de la superficie y de la profundidad. O como indiferencia entre lo auténtico y lo artificial.

Algunos trompe l´oeil del studiolo

Las pinturas del duque de Urbino, Federico de Montefeltro, en el palacio ducal de Urbíno : enteramente hechos en trompe-l’oeil en el corazón del inmenso palacio. Fabricado por Sandro Botticelli y el arquitecto Baccio Pontelli como juego de artificio, sin pretender confusión con la realidad. Es el triunfo de la perspectiva arquitectónica erudita, de un espacio desplegado según las reglas. El studiolo es un microcosmos inverso: separado del resto del edificio, sin ventanas, sin espacio propiamente dicho — en él el espacio es realizado mediante simulación.

Hay un verso en La Tempestad, de Shakespeare, que resume uno de los puntos centrales del budismo: “Estamos hechos de la materia de los sueños”. Para el Gran Vehículo o Mahayana (la corriente esotérica del budismo) el universo nos presenta continuamente formas, colores, olores, sonidos y sensaciones, pero detrás de esas apariencias no hay nada. El universo es ilusorio y vivir es soñar.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Los niños no siempre lo fueron, para mal y para bien (y II)

Luis XIII a los diez años. Con esa jeta y lean, lean

En su estudios sobre la historia de la familia en el Antiguo Régimen, Ariés cita el libro del doctor Heroard, Journal sur l'enfance et la jeneusse de Louis XIII . Es la detallada relación de la infancia del Delfín -el Delfín era el sucesor a la corona de Francia, como aquí el Príncipe de Asturias - escrita por su médico. El Delfín, futuro Luis XIII, nació en 1601 y de adulto demostró una capacidad intelectual media. Desde luego no por encima que el resto de la aristocracia.

Este diario nos demuestra el menosprecio que tenemos a las capacidades infantiles. El Delfín tocaba el violín y cantaba a la edad de dieciséis meses. A esa misma edad jugaba al mazo, equivalente al actual golf y practicado por los adultos de la época, así como al tenis; hablaba correctamente y practicaba juegos de estrategia militar.

A los tres y cuatro años de edad respectivamente, aprendió a leer y escribir. A los cuatro y cinco años, aunque seguía jugando con muñecas (!), practicaba el tiro con arco, jugaba a las cartas, al ajedrez y otros juegos.

Tan pronto como pudo andar, tomó parte en todas las actividades de los adultos en términos de igualdad, bailando como un profesional. A los siete años dejó las muñecas y se le empezó a formar en la caza, monta de caballos, tiro, esgrima, asistencia al teatro y apuestas.

Ariès dice que todo era paulatino, no soltó las muñecas de golpe, sino que compatibilizaba y el cambio era imperceptible a los siete años, porque estaba inmerso en ese mundo.


domingo, 1 de febrero de 2009

Los niños no siempre lo fueron, para mal y para bien

Jan van Eyck, retrato del matrimonio Arnolfini


Magaret
Mead, una antropóloga clásica, nos ha proporcionado interesantes noticias sobre los arapesh, un poblado de la Micronesia cuyo ideal de vida se resume en dos metas: hacer que los niños y el ñame, su alimento principal, crezcan bien.

Nuestra cultura, en cambio, siempre ha sido más bien hostil con los niños La relación de los padres con los niños estuvo marcada por el infanticidio en la antigüedad, después por el abandono, luego por la disciplina y dosis de crueldad y sólo a partir del siglo XVIII por ideas de cariño. Aún así, Jean -Jacques Rousseau, el gran educador afectivo del siglo XVIII, fue depositando a sus hijos en una inclusa según nacieron. Y en Inglaterra, hasta 1815, no era delito robar a un niño, excepto si estaba vestido, entonces lo delictivo era el hurto de la ropa.

Veamos: durante la Edad Media no existía el concepto de infancia, los niños no se consideraban seres diferentes a los adultos, no había un vocabulario específico para describir la infancia. Los niños se diferenciaban tan sólo de los adultos en el aspecto de la dependencia económica.

Intelectuales como San Agustín se avergonzaban de la niñez, pues la consideraba como la máxima expresión de la naturaleza animal del hombre. Además de ser el fruto del pecado (producto de una relación carnal), la infancia para este sabio medieval era la edad de las pasiones, de la exaltación de los instintos animales. Siglos más tarde, Descartes veía en la infancia el precio que debía pagar el hombre por obtener el tan preciado entendimiento. La niñez era para este filósofo lo opuesto a la razón, y por lo tanto, la época del error.

Durante siglos, las mujeres europeas manifestaron una total indiferencia frente al fruto de su vientre. En algunos períodos de la historia, se negaron a dar pecho a sus hijos y para ello recurrieron a las nodrizas, quienes a su vez, abandonaban a sus vástagos para vender su leche.

El historiador francés Philippe Ariès nos muestra la indiferencia de la sociedad europea ante la infancia: no existía un sentimiento singular que se reflejase en las actitudes frente a la muerte, en los juegos, en los hábitos de crianza, etc. Según este autor, antes del siglo XVII era común enterrar a los niños en el patio de las casas, como se hacía con cualquier animal doméstico, la presencia de niños en espacios propios de los adultos, como las tabernas, o la ausencia de juegos infantiles, o incluso, la inexistencia de una indumentaria particular para la infancia, de un vestido. son muestras evidentes de la inexistencia, para esa sociedad, de algo parecido a lo que hoy consideramos como la niñez.

Por esta lógica, no había escuelas, colegios o actividades especiales, si eran como los adultos o adultos en potencia, segregarlos retrasaría la formación de una visión adulta. El niño era integrado en la comunidad lo antes posible. Como decíamos, no había juguetes o juegos o vestidos especiales para ellos. Las escuelas estaban destinadas solo a impartir enseñanzas artesanales especializadas y estaban abiertas a quien le interesasen sin límite de edad, allí aprendían niños con adultos.

Con el desarrollo de la burguesía las cosas empezaron a cambiar. En 1660 aparecen los primeros juguetes infantiles, en principio objetos reducidos de elementos de la vida real, como los caballitos de madera y ya en el siglo XVIIi aparecen artefactos de uso específico para la infancia. Philippe Ars destaca que ésto empieza a verse en un cambio en la iconografía donde empiezan a abundar, por ejemplo, las relaciones glorificadas madre-hijo y las representaciones en interiores de escenas familiares. Pero únicamente en la clase burguesa.

La escuela fue otra revolución, principalmente auspiciada por órdenes religiosas, como los jesuitas. Fueron los primeros en abrazar el concepto de debilidad de la infancia y auspiciaron la segregación de los niños del mundo de los adultos. Y por cada vez mayor tiempo. El resultado es que las hazañas de un Mozart como compositor infantil, hoy apenas resultarían creíbles, mientras que por aquella época no eran cosa tan desacostumbrada. Muchos niños ejecutaban y componían música hábilmente y se dedicaban a otras actividades adultas. Hoy, en ciertos ambientes, como el de los judíos ortodoxos, que se considera anacrónico, muchos niños siguen integrándose con seriedad en los estudios antes de los cinco años de edad y como consecuencia, los prodigios talmúdicos son corrientes.

Por una parte, con la burguesía y los avances y conocimientos de las ciencias empíricas, se empezó a valorar y diferenciar al niño, con lo que vivió en un ambiente cuidado y por otra, se le segregó de la vida adulta, con lo que sus capacidades potenciales se vieron minimizadas y se le niveló a una escala de inteligencia media (mediocre).

lunes, 19 de enero de 2009

El estúpido aburrido

Una de las causas de las atrocidades y la barbarie en la historia es el aburrimiento. Cuando las cosas marchan más o menos bien, lo humanos nos aburrimos y entonces empezamos a meternos con lo vecinos o nos inventamos amenazas sobrenaturales para paliar las emociones que nos faltan. Hasta los poetas lo señalan, Homero asegura que hacen falta expediciones de castigo como la de Troya para que los bardos tengan algo que cantar y Tolstoi advierte al principio de Ana Karenina que "la familias felices no tienen historia", Con razón comenta Nietzsche que más que felices, los seres humanos lo que quieren es estar ocupados.

Elogio de la estupidez de Erasmo de Rotterdam

Pero cada vez debemos dar más importancia en la influencia sobre las desventuras históricas a la estupidez. Ya lo dijo hace tiempo Anatole France, el estúpido es peor que el malo, porque el malo no lo es todo el tiempo y el estúpido sí. Aún peor, la pasión del estúpido es intervenir, reparar, ayudar a quien no pide ayuda... Cuanto menos logra arreglar su vida, más empeño pone en reparar la de los demás.

Es importante hacerse chequeos periódicos a sí mismo para descubrir si estamos incubando el virus de la estupidez. Los síntomas más frecuentes son: el espíritu de seriedad, el sentirse imbuidos por una alta misión, la impaciencia ante la realidad, cuyas deficiencias son vistas como ofensas personales o parte de una conspiración contra nosotros o el dar más validez a la opinión por el cargo o el nombre que por el sentido común, entre otros.

El último test es ver si podemos contestar a quién nos inquiera sobre qué hemos hecho frente a los terribles males del mundo con la modestia de Albert Camus "Para empezar, no agravarlos ..."

jueves, 20 de noviembre de 2008

La educación es una entelequia


Un punto de vista radical referente al papel de los padres en la educación, es el de la psicóloga Judith Rich Harris, en su libro “El Mito de la Educación”.

Harris afirma a grandes rasgos tres cosas: 1) que los miles de estudios de socialización cuyo fin es identificar la efectividad de diferentes tipos de educación, son básicamente inválidos; 2) que los padres tienen una influencia escasa o nula sobre la personalidad de los hijos, tal como se deduce de los estudios de gemelos y de adopción; y 3) que la socialización de los niños y jóvenes se produce a través del contacto con sus amigos. Serían pues, los colegas los verdaderos padres y maestros.

En la primera parte de su libro, Harris, ataca sin piedad los métodos empleados en los estudios de socialización, los cuales se realizarían más o menos así: se elige un niño dentro de una familia y se analiza tanto el tipo de educación como la personalidad e inteligencia del niño; se realizan suficientes observaciones de manera que se pueda encontrar alguna correlación entre ambas cosas. Típicamente, estos estudios encuentran que las personas inteligentes y sensatas, capaces de controlar su vida, y que educan ‘bien’ a sus hijos, tienen, en general, hijos, inteligentes y sensatos y capaces de controlar su vida (y a la inversa). De aquí concluyen que ‘as buenas prácticas educativas tienen efectos positivos sobre la personalidad.

¿Es eso cierto? Debería serlo, miles de psicólogos y educadores no pueden estar equivocados. Lo están, afirma Harris, estos científicos están llevando sus conclusiones mucho más lejos de lo que
permitirían los datos. En primer lugar, estos estudios no permiten distinguir los efectos genéticos de los educativos. Pudiera ocurrir que las personas inteligentes y equilibradas tengan hijos con estas características, debido a que les transmiten sus genes. De hecho, cuando se diseña el estudio para distinguir este tipo de efectos, como ocurre con los gemelos criados aparte, lo que se ve es que la educación tiene poca influencia.

Harris emplea otros argumentos adicionales. El primero es que el tipo de educación es característico de cada cultura. Por ejemplo, en USA los asiáticos suelen emplear un estilo de crianza más autoritario que los blancos, a pesar de lo cual no se ha detectado un efecto negativo en la personalidad (y de hecho su media del CI es más alta). Por otro lado, el estilo educativo ha cambiado en los últimos años en muchos países, haciéndose menos autoritario.

¿Dónde están los beneficios de estos cambios? Harris apunta la idea de que cada sociedad tiene su Mito de la Educación, es decir, un estilo de educar socialmente aceptado, aunque no necesariamente el mejor ni el único posible.

Otro argumento se basa en la falta de efectos detectables en las familias no convencionales. Si el papel de los padres es fundamental, qué ocurrirá si no hay padre o si ambos esposos son del mismo sexo u otras combinaciones por el estilo. La respuesta es: nada. Los hijos de madres solteras, de parejas homosexuales o de padres divorciados no son significativamente distintos del
resto de los niños, de acuerdo con muchos trabajos.

Sin olvidar que el proceso de educación es una carretera de doble vía. Solemos asumir que la influencia vade padres a hijos, pero también fluye en sentido contrario. Un niño de carácter muy difícil va a generar respuestas negativas de sus padres, lo que se traduce un ambiente emocional y educativo peor. Como dice el viejo chiste: “Pobre Jaimito, viene de una familia destrozada”. “No me extraña; Jaimito puede destrozar a cualquier familia.”

Más razones esgrimidas por Harris. El sistema educativo tradicional de las clases altas europeas y americanas consistía en minimizar el contacto de padres e hijos, encasquetando la educación de la prole a niñeras, institutrices o colegios internos. Y sin embargo, los hijos de las clases acomodadas se convertían en adultos muy parecidos a sus padres y enseguida adquirían su acento y, casi siempre, sus gustos sofisticados.

En resumen, los estudios de gemelos y las observaciones de Judith Harris han puesto el dedo en la llaga acerca de lo que sabemos realmente: ¿en qué rasgos de la conducta tienen los padres influencia? ¿Cómo afecta una infancia dura al desarrollo de la personalidad? ¿Cómo debería manejarse la desigualdad natural?.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Mestizaje

Siracusa, Duomo

Hace perder la absurda identidad y evita el enfrentamiento.

Octavio Paz, al que le preguntaron sobre los recelos entre las razas cuando llegan los conquistadores a América Latina, respondió que “el problema se resolvía follando”. Así resuelve el mortal el problema de la pureza de la raza.

La historia del mundo es la historia de los mestizajes. A Le Pen, en Francia, que se escandalizaba por los muchos negros de la selección de fútbol, habría que recordarle que las emigraciones que hubo de Bélgica a Francia fueron enormes.

Como símbolo de ese mestizaje está la catedral de Siracusa (ciudad de Italia, situada en la costa de la isla de Sicilia) , que es un antiguo templo griego con los intercolumnios y las paredes hechos por los romanos, la decoración árabe y la fachada del barroco español.

La profusión del mestizaje entre blancos y negros, característica de la América hispana desde un comienzo, es a un tiempo efecto de la ausencia de prejuicios raciales y sociales, y causa de que éstos no se produzcan o se den con más suavidad. Esta mezcla ha traído como consecuencia la ventaja de la falta de prejuicios raciales en los países hispanoamericanos, lo cual bien podría calificarse de herencia cultural de los primeros españoles conquistadores.

jueves, 30 de octubre de 2008

No me conquistéis América, preferimos matarnos entre nosotros


Igual que Roma cometió desmanes - no hay más que ver los tebeos de Asterix - también impulsó innumerables avances de ingeniería civil, derecho, la base de nuestra lengua. Tan ridículo sería hacer desfiles ahora en honor de Julio César como dinamitar el Acueducto de Segovia.

Quienes deploran los desmanes de los conquistadores de América, lo hacen en nombre de principios jurídicos políticos y morales modernos, acuñados en el Renacimiento europeo, una de cuyas empresas más destacadas fue la conquista de América.

Entonces no había ONU y las guerras de expolio y conquista eran la práctica común y desde luego y muy por encima, entre los pueblos precolombinos, que se encontraban a un nivel 3000 años atrás de Europa.

Sólo en Europa empezaba a cuestionarse la licitud de esas agresiones y se alzaban voces para institucionalizar el respeto al territorio y riqueza del otro.

Si hubieran tenido en cuenta el baremo de los aztecas o incas, nada malo en masacrar el territorio enemigo, es más luego a mayores se los comían, con lo que se aprovechaban hasta de sus proteínas.

Muchos súbditos de Moztezuma, a pesar del rigor en el trato de los europeos - igual que el que aplicaban en su tierra - preferían el trato de Hernán Cortés al de su propio rey y ello explica en parte el éxito del extremeño.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

El Grand Tour



A finales del siglo XVI surge la costumbre de mandar a los jóvenes aristócratas ingleses a hacer el gran-tour al finalizar sus estudios con el fin de complementar su formación y adquirir ciertas experiencias. Era un viaje de larga duración (entre 3 y 5 años) que se hacía por distintos países europeos, y de ahí proceden las palabras: turismo, turista, etc.

El Grand Tour es un viaje motivado por la necesidad de instrucción de estos jóvenes aristócratas que en un futuro habrán de gobernar su país. Del conocimiento de la grandeza de Roma, Paris o Atenas así como de los debates en los cafés de los grandes centros termales, los viajeros deberían aprender como llevar las riendas de un Imperio como el británico. Para algunos autores éste es el auténtico fenómeno fundacional del turismo moderno ya que surge como un fenómeno revolucionario en paralelo al resto de transformaciones que se dan en la Ilustración.

El Grand Tour era un itinerario de viaje por Europa que se desarrolló desde los años 1660 hasta la llegada de los viajes masivos en ferrocarril (a partir de la década de 1820) Fue popular entre los jóvenes británicos de clase alta y servía como un rito de pasaje educativo para los más ricos. Su valor primario residía en la exposición tanto al arte del Renacimiento como a la sociedad aristocrática del continente europeo. Un grand tour podía llevar desde varios meses a varios años. Pretendía ilustrar, enseñar a los futuros funcionarios del Imperio los logros conseguidos por las grandes civilizaciones pasadas, más allá de lo estudiado en los libros de texto.

Estos viajes se hacían con séquito de sirvientes y a las órdenes de un tutor, que solía ser el encargado de programarlo con todo detalle, fijando la fecha de salida, las ciudades a visitar, los contactos a establecer, las actividades a realizar, los medios de transporte a contratar (si es que no se contaba con medios propios) las formas de alojamiento a emplear y la fecha de regreso.

A pesar de ser minoritarios, el historiador Gibbon afirma que a fines del siglo XVIII podía haber en Europa unos cuarenta mil ingleses practicando el Grand Tour educativo, sin contar los que estuvieran haciéndose por otros motivos, un volumen que en aquellos tiempos es francamente reseñable.

El Grand Tour era ya en la segunda mitad del siglo XVIII una costumbre consolidada no solo en la sociedad inglesa sino también en otras sociedades europeas y americanas, costumbre que ya obedecía más a prácticas sociales ostentosas que al riguroso cumplimiento de fines educativos, lo que podría explicar que los jóvenes lo utilizaran más como forma de diversión que de formación.

-También en España-

Cuando el llamado Rey Prudente, Felipe de Austria, futuro Felipe II, tenía 21 años de edad, hizo un largo viaje de tres años de duración, entre 1548 y 1551, con origen en Valladolid y destino en Bruselas. Aquel viaje fue ante todo un viaje de Estado. Felipe viajó para responder a la llamada de su padre, a la sazón enfermo de gota, quien había tomado la decisión de abdicar. Tal pretensión exigía que el heredero estuviera presente en la Dieta Imperial, lo que obligó a que el príncipe se desplazara hasta donde estaba el rey para más tarde convocar el órgano que se acaba de citar. Pero también está claro que aquel Grand Tour se aprovechó para que el príncipe conociera a los que serían sus súbditos al tiempo que completaba su formación como gobernante y trababa sólidas amistades con lo más granado de la nobleza gobernante de Europa. El historiador Kamen escribe literalmente que Felipe y sus acompañantes “en cada población hacían un poco de turismo y admiraban las fortificaciones".

- Se extiende el Gran Tour -

A finales del siglo XVIII y durante las primeras décadas del siglo XIX, el Reino Unido vivió una etapa de gran crecimiento económico, derivado de la Revolución Industrial. Un mayor número de familias accedía a la educación superior y contaba con los medios necesarios para complementarla en el extranjero.

Los adelantos técnicos en los medios de transporte, abarataron el coste de los viajes, a la par que redujeron las distancias y muchas incomodidades. Fueron creadas líneas marítimas regulares para el paso del Canal de la Mancha (las primeras datan de 1820), varios túneles horadaron la hasta entonces barrera alpina y el trazado ferroviario se fue extendiendo por gran parte de Europa.

A los caballeros ingleses de ilustres linajes se añadieron hombres y mujeres de la nueva burguesía enriquecida. Muchos utilizaron para ello las líneas de ferrocarril que unían Inglaterra con Brindisi, en la Italia meridional, como parte de la ruta hacia la India.

En los lugares de destino, el impacto de esa masificación se hizo evidente, como lo reflejó el escritor alemán Heinrich Heine en un fragmento de sus Cuadros de viaje (1826-1830): "Los ingleses abundan tanto en Italia que no hay modo de pasarlos por alto. Cruzan este país en enjambres, acampan en las hospederías, corren por todas partes a verlo todo y no es posible imaginar un limonero en Italia sin una inglesa junto a él, oliendo las hojas, ni pensar en una galería de arte sin un grupo compacto de ingleses, con sus guías en las manos, mirando si está allí todo lo que el libro cita de notable".

El Grand Tour fue así perdiendo su carácter elitista y también sus metas iniciales. De método de enseñanza fue transformándose en viaje de placer, y dio paso, poco a poco, al turismo moderno. A mediados del siglo XIX, el empresario Thomas Cook comenzó a ofrecer viajes organizados para grupos numerosos, que dejaban atrás las brumas o nieves de su país en busca de ciudades monumentales, playas tranquilas o lugares lejanos y exóticos. Lejos quedaba ya el espíritu que animó a aquellos que, por voluntad propia o por deseo paterno, quisieron conocer los resortes que habían hecho funcionar la civilización antes de pasar a dirigir sus destinos.


domingo, 7 de septiembre de 2008

Y dijo el tonto, " Yo opino..."

¡Cuidadín que opino y a tragar!

Vivimos en una época en que se oye la opinión disparatada de que todas las opiniones son respetables. Si algo les pasa a las opiniones es que no son todas respetables. Si todos hubiéramos creído que todas las opiniones son respetables no hubiéramos descendido todavía del árbol.

Las personas si que son respetables, sean cuales fueren sus opiniones, pero no todas las opiniones son respetables. Una persona que dice que dos y dos son cinco, no puede ser encarcelada, no puede tomarse ninguna represalia contra ella, pero lo que es evidente es que la idea de que dos y dos son cinco no es tan respetable como la idea de que dos y dos son cuatro.

La mitificación de la opinión propia lleva a considerarla como algo que se sustrae de la discusión, en lugar de algo que se pone sobre la mesa, algo que tenemos que discutir –discutere en latín es ver si un árbol tiene raíces, si las cosas tienen raíces–, ver si está enraizada en algo. Cuando se propone una opinión, no se propone como quien se acoraza, no se supone que todas las opiniones son igualmente válidas, sino que están abiertas a contrastarse con pruebas y datos. Si no, no son opiniones, son dogmas.

La idea de que todas las opiniones valen lo mismo, de que la opinión del alumno de infantil vale lo mismo en cuestiones matemáticas que la del profesor de aritmética, no es verdad. Y la idea de que es un signo de democracia o de libertad que cualquier idea vale lo mismo que cualquier otra y que da lo mismo que quien la sostiene ignore los mecanismos del asunto, no pueda aportar ninguna prueba, no tenga datos, sea incapaz de razonar su postura, vale lo mismo que la opinión de quien conoce el asunto, es preocupante.

Sin embargo, hay una mitificación de la opinión como esa especie de encastillamiento del que se siente ofendido cuando es contrariado, como si las opiniones se pudieran herir. La idea de que las opiniones forman cuerpo con nosotros, y que el decir “es mi opinión” da un grado de razón superior al de la opinión del vecino y se considere como un signo de liberalidad intelectual, cuando la única liberalidad que existe es reconocer que las opiniones deben estar fundadas en la razón y que nadie tiene derecho a exponer sus opiniones si no tiene razones para justificarlas. La postura auténticamente libre, abierta y democrática es sostener que es la razón la que vale y que las opiniones deben someterse a ella, y no que son las opiniones las que por sí mismas, por tener una persona detrás, se convierten en inviolables porque la persona es.

Ver las razones de otros forma parte de la racionalidad. Aceptar haber sido persuadido por razones suele estar muy mal visto, como si dar muestras de racionalidad fuera algo muy malo, cuando en realidad el hecho de cambiar de opinión demuestra que les sigue funcionando la razón. El mundo esta lleno de personas que se enorgullecen de pensar lo mismo que pensaban a los 18 años; probablemente no pensaban nada ni ahora ni a los 18 años, y gracias a eso se mantienen invulnerables a todo tipo de argumentaciones y razonamientos.

viernes, 5 de septiembre de 2008

La queja que no cesa

Obra del pintor alemán Neo Rauch

Ahora predomina una cultura infantilizada de la queja, en la que el Gran Hermano ( sea quien sea) tiene siempre la culpa y la expansión de los derechos se produce sin la otra mitad : los deberes y obligaciones... Si quiero tener el derecho de ser médico, primero deberé aprobar la carrera, si quiero disfrutar de la conducción en autovías, antes deberé pagar impuestos y no darme al vicio del dinero negro, para que se puedan construir. No hay un derecho sin su deber correspondiente.

El énfasis se pone en lo subjetivo: cómo nos sentimos sobre las cosas, más que lo que pensamos o podemos saber. Sin entrenamiento en análisis lógico, mal preparados para desarrollar argumentos sobre cualquier asunto, desacostumbrados a textos mínimamente profundos, la gente se retira a lo que podrían llamar sí mismos: lo que sienten sobre las cosas.

Cuando los sentimientos y la actitud son los referentes principales de un argumento, atacar cualquier posición es automáticamente insultar al que la sostiene, incluso atacar sus “derechos” tal y como los perciben ellos.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Errores del aprendizaje (en casa y la escuela)

Aquiles abandonó el gineceo y se atrevió a ser mortal (y adulto).

Se ha hecho creer a los niños que lo podían inventar todo, incluso la construcción de su propio conocimiento estimulando su creatividad. La verdad es que las reglas se tienen que aprender, no se pueden inventar.

Después se ha ènseñado que en el aula se podía sustituir el trabajo por el juego y luego que primero hace falta motivar a los alumnos y después hacerlos trabajar. Es lo que en sería una pedagogía del anzuelo. Estas dos ilusiones complementarias, no han funcionado nunca, pues si bien en un primer momento los alumnos se interesan por los temas después no trabajan, porque no tienen asumida la responsabilidad del trabajo y el esfuerzo.

Lo último ha sido hacer creer a los estudiantes que ser joven es genial y formidable y que ser adulto o viejo es una catástrofe cuando la verdad es que el mundo de los adultos bien orientado es más rico, más profundo y más apasionante que el mundo de la infancia. Haber hecho creer estas ilusiones provoca en la juventud un interés enfermizo por la cultura fácil con menoscabo de la cultura interesante.

Para enmendar ésto hay revalorizar el papel del trabajo y el esfuerzo, pues sólo así los alumnos podrán disfrutar de un mundo interesante y no de un futuro pobre. Esto supone impartir de forma inteligente y con significado las enseñanzas tradicionales. Y dar la vuelta a la ilusión pedagógica de que primero hay que apasionar a los alumnos y después hacerlos trabajar. Es al revés. Uno sólo trabaja por obligación. No hay espontaneidad en el aprendizaje. A todos nos ha marcado algún profesor, y siempre era un ser carismático que nos hacía trabajar, no un animador cultural. La ilusión pedagógica nos dice que podemos reemplazar el trabajo por el juego. De ahí el desastre.

Hay que inventar nuevas formas de autoridad sin volver atrás como reaccionarios. Los pilares de la educación desde siempre son la vertiente cultural griega, la ley romana o judía y el concepto del amor cristiano. Unas sin otras, no funcionan.

viernes, 15 de agosto de 2008

¡Eres de desordenado, hijo!


Fotografía, el caos en el orden

Hace tiempo que sabemos de la vulgaridad y el aburrimiento del orden. Menos mal que nunca lo conseguimos del todo. Por ejemplo, cuando creemos haber puesto un poco de orden en nuestra biblioteca, llegan nuevos habitantes para hacerse un espacio, para desordenar el orden… y así con casi todo.

De todo eso que solemos llamar defectos, el desorden es el más ligado a nuestro temperamento. Al menos al temperamento más libre, menos domesticado. Amamos instintivamente el desorden. Y eso indica generosidad de corazón y de espíritu. Es preferir el riesgo a las mezquinas certidumbres. El orden es imperioso, estrecho, cruel. El desorden permite adaptarse a las nuevas expectativas

Cuando era niño se llamaba gente de orden a los del régimen de Franco. Qué miedo me daba la gente de orden, la que quiere retroceder al siglo XVII, los ordenados de toda la vida.

Eric Abrahamson, profesor de la Columbia Bussiness School ha estudiado con modelos matemáticos la eficacia del desorden. Afirma que si en una organización se habla de reestructuración, es difícil que se tome en cuenta el alto costo de llegar al nivel buscado. Y además, cierto desorden permite a las personas e instituciones ser más creativas y flexibles.

Hay que encontrar el punto intermedio. Si uno trabaja, genera desorden y tiene la opción de parar y ordenar y organizarse o seguir trabajando. Si sigue trabajando, en un punto ya no podrá hacer nada por el desorden total. Si se para a ordenar a cada rato, tampoco se podrá avanzar. Hay un punto medio donde el rendimiento es el más eficiente. Ese es el nivel de desorden óptimo, señala Abrahamson.

Alexander Fleming, se fue de vacaciones sin ordenar ni limpiar su laboratorio y al regresar encontró un círculo de moho que había invadido uno de sus cultivos de bacterias. El estafilococo de su cultivo parecía mantenerse apartado del moho e, intrigado, Fleming lo puso bajo su microscopio y así descubrió la penicilina.

Fleming ya se beneficiaba del desorden de su laboratorio porque el tiempo no dedicado a ordenar lo dedicaba a investigar. Pero, además, el desorden creó conexiones, es decir una resonancia entre el laboratorio y el mundo de alrededor, y llevó a consecuencias inesperadas (algo que ya le había pasado antes: descubrió el lysozyme, una sustancia moderadamente antibiótica, al estornudar sobre una muestra de bacterias.

En las oficinas ejemplo del escritorio es muy ilustrativo. Según las políticas de escritorios limpios de muchas empresas, cada papel que llega debe ser archivado correctamente de inmediato. Empero, si dejamos que se acumulen 10 papeles, estaremos haciendo un solo viaje al archivo en vez de diez... ¡y posiblemente en un momento donde no haya tanto trabajo urgente! Además, sin la separación creada por estos sistemas externos de orden se pueden ver relaciones entre cosas juxtapuestas que, de otra manera, hubiera sido mucho más difícil ver.

El paradigma de la eficacia del orden es una obsesión que heredamos de la revolución industrial y el paradigma de la eficiencia de la máquina que fue llevado a lo social e incluso a la familia. Está el célebre caso de Galbraith que, como quería una familia eficiente, ponía clases de alemán a sus niños cuando estaban en la bañadera, hacía que los grandes limpiasen la superficie de los muebles y los más pequeños las patas, y les sacó a todos las amígdalas (12 hijos), para ver cómo hacerlo de la manera más efectiva. Pero yendo mucho más atrás, el orden tiene resonancias religiosas (Dios, después de todo, es el primer organizador, que separó la luz de la oscuridad) y Freud reforzó nuestras creencias en el siglo XX. Por eso, no es de extrañar que dos tercios de encuestados admitan sentir culpa por ser desordenados.

Lo mismo ocurre con la economía. La Unión Soviética tenía una economía muy organizada, con planes quinquenales. El mercado es mucho más desorganizado, pero eso permite adaptarse y ser innovador, con ciertas regulaciones básicas.

Ilya Prigogine y Benoit Mandelbrot son los padres del paradigma científico que establece que la irreversibilidad y el desequilibrio implican la autoorganización. Lo real es caótico y por eso es creativo. Nosotros estamos compuestos por células, cada célula se relaciona con las demás a través del sistema nervioso, endocrino e inmunológico. Las conexiones son de tipo reticular, no están jerarquizadas. Una red con diferentes nodos donde no hay un centro. Otro ejemplo, si gotea un grifo, no lo hace de forma regular, no hay un modelo matemático que contenga esa goteo.Pues eso mismo aplicado en la vida.

miércoles, 13 de agosto de 2008

La hipocresía social

El mismísimo Larra.

No acierto a ver qué género de convivencia sería posible siendo siempre "gente sincera", gente que habla con "franqueza", sin "miramientos", diciendo en todo momento lo que piensa.

Diciendo siempre lo que pensamos la única instancia posible es la guerra civil. La hipocresía británica, tan célebre, ha alumbrado una de las democracias más sólidas y antiguas y el deporte del tenis, cuyo reglamento exige aplaudir al adversario.

Ninguna buena educación se basa en la sinceridad; los estragos de la sinceridad los hizo patentes Larra en un cuento titulado "El castellano viejo", donde el natural y espontáneo Braulio llamaba a la urbanidad hipocresía.

Ni siquiera Cristo llamó al pan, pan y al vino, vino.

La sinceridad tiene un efecto devastador. La hipocresía social es una virtud muy útil: se llama cortesía o buenas maneras.

lunes, 11 de agosto de 2008

La juventú violenta (2)

Alberto Durero, Eran mu volentos en 1515.

Nuestras sociedades son sociedades a las que se ha querido volver totalmente asépticas, sin riesgos, seguras y protegidas en todo ámbito. Y en el fondo, las sociedades asépticas son sociedades potencialmente peligrosas. Es algo parecido a los hospitales. Los hospitales son asépticos, pero entramos para curarnos un brazo roto y salimos con una infección.

Queremos tener las posibilidades culturales y de ocio de Nueva York pero con la vida tranquila que tenía por ejemplo Salamanca en los años 50s,

Cuando se quiere eliminar el riesgo, el riesgo se vuelve perverso. En latín, pervertir quiere decir “tomar caminos distintos”: la situación explota y no se puede dominar. Se trata de la vieja idea de Aristóteles, la noción de catarsis que muestra la necesidad de purgarse de vez en cuando. Ya no se sabe gestionar la violencia y una sociedad sin violencia ritualizada sólo puede ser sanguinaria. La cuenca mediterránea ha tenido un alarga tradición de ritualizar la violencia que se está perdiendo.

Las explosiones de violencia, como las de los jóvenes en los barrios de París el año pasado, se trataron de la respuesta de los chicos a esta asepsia de la existencia.

No creo que haya más violencia actualmente, como tanto se dice. Historiadores tan importantes como Jean Delumeau, especialista en la Edad Media, demuestran cuantitativamente que hoy hay menos que en otras épocas. Algunos historiadores del siglo XIX muestran que París hace un siglo era incomparablemente más peligroso: no se podía salir a la calle por la noche o por la tarde. La película de Leonardo di Caprio sobre Nueva York en ese mismo siglo mostraba las terribles bandas y las zonas de la ciudad por las que no se podía pasar. Ahora no hacemos guerras civiles para delatarnos y vengarnos del vecino a costa de su encarcelamiento o fusilamiento.

Por tanto, no creo que haya un ascenso, sino que es una especie de fantasía creada por la obsesión de la seguridad. La fantasía la genera su opuesto.

viernes, 8 de agosto de 2008

Las matemáticas de los niños están en sus genes


1.Visto en el programa REDES del entrañable Eduard Punset:

En la Universidad de Nottingham han realizado un estudio que demuestra que los niños pequeños son capaces de sumar y restar antes incluso de aprender aritmética.


Los científicos presentaron a niños de 5 años una serie de problemas que implicaban sumas y restas aproximadas de números grandes. Sin saber nada de aritmética, los niños consiguieron resolver bien los problemas.


Estos resultados ponen de manifiesto que las abstracciones simbólicas y no simbólicas forman parte de una especie de conocimiento innato en los niños. Los autores sugieren que el aprendizaje de las matemáticas podría enriquecerse en los niños actuando y construyendo sobre esta capacidad.


Inmediatamente recordé que ésto no era ninguna novedad. El Menón, de Platón, es un diálogo en el cual Sócrates reflexiona sobre la virtud. En medio de esa reflexión, quiere probar que un esclavo analfabeto que sirve en casa de su interlocutor - Menón - sabe geometría sin haber tenido profesor ni conocimientos. Le hace preguntas al muchacho y sin darle pistas consigue que resuelva un problema geométrico complicado, pues requiere números irracionales.


Sócrates señala que si el muchacho sabe griego - o sea, habla - es apto para la prueba. Si habla, sabe geometría. Es decir, la geometría no depende de la información, es inherente a la estructura lingüística. Hay una matemática innata en los humanos.


Los de la Universidad de Nottinghan llevan 2400 años de retraso.


2. Un post mío de hace poco, que resumo y puntualizo de nuevo con el Menón:


Marc Hauser, profesor de psicología en la Universidad de Harvard sostiene la tesis siguiente:
Nacemos con un instinto moral, una capacidad que crece de forma natural en cada niño, desarrollada para generar juicios rápidos sobre lo que es correcto o incorrecto, y basada en unos procesos que actúan de forma inconsciente. Parte de este mecanismo fue diseñado por la mano ciega de la selección darwiniana millones de años antes que nuestra especie evolucionase. Otros aspectos fueron añadidos o actualizados durante la historia de nuestros antepasados, y son exclusivos de los humanos y su psicología moral.

Según Hauser existen unos principios universales e inconscientes que subyacen a nuestros juicios sobre lo correcto y lo incorrecto. Las diferencias culturales afectan a cómo actuamos frente a dilemas morales concretos (pena de muerte), pero no tanto en cómo los valoramos de una forma abstracta (matar es malo). En esto todos los humanos compartimos una innata lógica común.

Marc Hauser pretende hacer por la moral lo mismo que Noam Chomsky hizo por el lenguaje. Chomsky propuso la teoría por la cual se hizo famoso, cuya idea principal era la siguiente: si nos fijamos en la adquisición del lenguaje en el niño, los estímulos que recibe son escasos comparado con las generalizaciones que hace, con lo bien que lo aplica, no comete errores de construcción , no dice las frases al revés. Como resultado, tenemos que inferir que el niño ha nacido con cierto tipo de capacidades innatas que, en palabras del propio Chomsky, le permiten hacer “crecer” el lenguaje, no aprenderlo, sino hacer crecer como por ejemplo nos crecen los brazos.

Nuevamente aplico aquí la receta de Platón. Como recordamos, el Menón es un diálogo sobre la virtud. Sócrates, deduciendo del ejemplo de las matemáticas, afirma que igualmente, el saber de las proposiciones morales, como que es un cerdo quién abusa del débil, es inherente a la condición humana. Nadie tiene que ser ilustrado para conocer que es repugnante robar al pobre para dar el dinero al banquero. La tesis del Menón es que, tanto las proposiciones fundamentales de la ciencia como las de la moral, son innatas a los humanos.