martes, 11 de noviembre de 2008

Amar el conocimiento

Rafael Canogar

Según George Steiner, no hay conocimiento filosófico ni científico limpio de dudas y de frustraciones. Cierto, ¿pero da eso tristeza? No debiera. La tristeza del reo procede justamente de un exceso de certidumbre. Sin una mínima dosis de incertidumbre no nos interesaría comprender. El gozo intelectual se cultiva en campos llenos de sombras, no en campos cegados por la luz.

Además Spinoza llamaba amor intelectual de Dios el amor por el conocimiento porque es un intento de ver la forma divina que tiene cada cosa cuando se observa desapasionadamente.

En el amor por el conocimiento no hay desengaño porque se aman cosas que no necesitan amarnos. Precisamente el amor del sabio es el amor que evita el desengaño y de la forma más rotunda; cortando el nudo gordiano: no se quiere una cosa porque nos vaya a querer a nosotros, sino que se trata de amar cosas para las cuales nosotros somos enteramente indiferentes.

A Bertrand Russel le preguntaron una vez que si prefería la felicidad o el conocimiento. Y dijo que este último porque si no, no te crees la vida.